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27-03-2026 Notas

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Por Jaoquín Gallardo

I.

Eran poco más de las diez de la mañana, un paciente avisó que no se conectaría y aproveché ese tiempo para leer un rato. Estaba dándole vueltas a un texto de Miller, me costaba entrar y me di cuenta de que, en realidad, tenía ganas de leer a Lacan. Entonces retomé esa entrevista de 1957 que tanto me gusta y, una vez más, me detuve en esta cita: (…) que la neurosis sea una enfermedad que habla (…). ¿Qué quiere decir esto? ¿De qué habla la neurosis?

 

II.

En principio, me gustaría separar esta frase en dos. Por un lado, ubica a la neurosis como una enfermedad. La neurosis es una de las estructuras del psiquismo, es como el sistema operativo de un celular. Tiene sus propias coordenadas, lógicas y sintomatología. Considero, muy entre comillas, que podemos pensar a la neurosis como una enfermedad a partir del momento en que un sujeto empieza a padecerla, a sufrir síntomas y, en el mejor de los casos, consulta con un analista buscando alivio a ese malestar. La segunda parte de la frase es que esta enfermedad, habla. Esto es un poco más intrincado, porque la neurosis no es clara, no dice directamente: tengo psoriasis porque ocurrió tal evento que me afectó de tal manera. El neurótico sufre muchas veces sin saber por qué y, a veces, cree saber, pero no siempre acierta. 

¿Cómo habla la neurosis? Habla con síntomas, con su angustia, con sus fallidos, sus sueños, sus chistes. Y es en la construcción del análisis, en ese destejido y tejido analítico que se va escuchando el texto de un sujeto y aliviando los puntos de malestar. 

Tomemos un ejemplo:

Un paciente me contó, afligido, que había vuelto a mirar noticias en Twitter, que leía los diarios todos los días, que quería estar informado y detalló los pormenores de los acuerdos entre el Pentágono y dos empresas de tecnología. Estaba angustiado por esto, decía que no podía dejar de mirar las noticias, que sufría y no entendía qué le pasaba. La humanidad es una mierda, remató. Cuando alguien nos cuenta que no puede dejar de hacer algo que lo angustia, se despiertan nuestras alertas. ¿Es un acto compulsivo? ¿Es pulsión de muerte? ¿Cuál es el texto detrás de ese acto irrefrenable? En este ejemplo, no es un anhelo de saber los detalles entre Trump y empresarios. Entonces, ¿qué iba a buscar ahí? Este acto que no podía detener y le generaba padecimiento encerraba un sentido y un mensaje a descifrar. De todo lo que pudo haber traído a la sesión, había elegido esto. Entonces, concluí que su neurosis me estaba hablando. Trabajamos en la sesión en torno a su malestar, hasta que se pudo ubicar que en estas noticias, sintomáticamente, él iba a responder una pregunta que lo aquejaba: cuál es la causa de la crueldad en un ser humano, como vía para entender y simbolizar algo que sufrió su familia cuando él era un niño. 

 

III.

Todas las neurosis hablan. Detrás de los pensamientos intrusivos, la ansiedad, la angustia, las fobias, hay mensajes y una máquina que opera a escondidas, gobierna y es el inconsciente. El análisis es la vía por la que se descifra ese mensaje, donde se desteje el ovillo neurótico para armar algo nuevo, más libre y liviano. Sabemos que el neurótico sufre, en parte, de sentido. Para concluir, quiero citar a Freud: la voz del inconsciente es sutil, pero no descansa hasta ser escuchada. 

 

 

 

Portada: Alex Stoddard

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