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Por Leticia Martin
“El mundo se había como vaciado para siempre. Un solo ser había concentrado en él todo su valor, y una vez desaparecido ese ser solo quedaba una eternidad de vacío que se extendía ante mí y que había que sobrellevar”, escribe Catherine Millot en Oh, soledad. Allí, la psicoanalista francesa narra, entre otras cosas, los dos años de melancolía y dolor que vive al perder a uno de sus grandes amores.
Sin vaciarse de su mundo, tal vez incluso como efecto contrario al de instalarse en la nostalgia, podría decir que el universo ficcional de Gerardo Montoya en Papá Paki se satura de palabras y latiguillos, términos propios y modismos que intentan poner en poesía la fragilidad masculina a la hora de terminar ese amor que lo llevó a la paternidad.
Su propia biografía es puesta en juego y alimenta esa breve historia que se va armando con el correr de versos, poemas y cartas, que aparecen al final, cuando el amor regresa.
Si algo no le falta a este libro, es voluntad de trabajo. Trabajo propio, en el armado erudito y pop de cada verso; pero también trabajo asignado al lector, a quien construye con inteligencia y considerando alguien capaz de leer marcas y huellas, interpretar y reconstruir.
La paternidad no parece ser tierra plana para Montoya, y su poesía tampoco. Por lo que escribirla es avanzar sobre ese campo de batalla que es el lenguaje, pensado en términos de «ficción política». ¿Qué es un padre si no un instigador, un sendero, una propuesta activa?
Escrito tras el derrumbe del núcleo conyugal, y atravesado por el dolor de hacer lo mejor con sus hijos, el libro echa luz sobre la intemperie del divorcio, tantas veces narrada, aunque nunca de un modo tan crudo y dislocado.

«Papá Paki» (Editorial Aquitania, 2026) de Gerardo Montoya
El yo poético enuncia desde una doble entrada: la del mexicano radicado en Buenos Aires que no renuncia a su voz; y la del sujeto argenmex —como Gerardo sabemos que se hace llamar—, que habita un territorio lingüístico tenso y dinámico a la vez. Su sintaxis es un mapa heterogéneo que cruza con destreza la jerga norteña mexicana, el lunfardo porteño y el glitch digital, configurando una ciudad distópica marcada por la precariedad, el encierro a veces, y una burocracia afectiva tercerizada por corporaciones tecnológicas.
A través de una arquitectura fragmentaria que fusiona poesía, crónica íntima, humor negro, ciencia ficción doméstica, intercambio epistolar y el propio registro documental de aquellos hechos que lo desvelan, Montoya logra convertir la vida cotidiana en una zona de intensa experimentación verbal, que deriva en un libro intenso e ineludible.
Cada página incorpora silencios, desplazamientos tipográficos y ritmos de pantalla que registran, de forma simultánea, sus tribulaciones, su alegría ante lo simple y el resurgir del acontecimiento amoroso a la distancia.
Situado entre México y Argentina, el volumen amplía las coordenadas de la poesía latinoamericana contemporánea al dialogar con la pandemia y las nuevas formas de abordar la familia, la infancia y los vínculos en el siglo XXI.
Irreverente y eficaz, como siempre fue el autor, en Papá Paki Montoya logra un registro formal arriesgado, ideal para lectores que buscan repensar las estructuras del cuidado y la subjetividad dislocada desde una mirada migrante, amorosa, y profundamente lúcida.
Portada: Los farolillos (1891) de Joaquín Sorolla
Papá Paki
Gerardo Montoya
Editorial Aquitania, 2026
Etiquetas: Catherine Millot, Gerardo Montoya, Joaquín Sorolla, Leticia Martin, Libros, Papá Paki, Paternidad, Poesía

