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Por Javier Magistris
Hay un elemento estructural que hace de Leonor una sólida apuesta por la construcción. La duplicidad de la voz poética en este libro, por la que opta Pablo Andrés Rial, impone al lector una intimidad que sin embargo no agobia.
Leonor y Benicio, ambas voces protagonistas, entrelazan sus discursos con diferente poética y retórica; ambos bordean la enunciación de algo definitivo que impacta en cada uno de un modo casi antagónico; esa posición y ese tono opuestos densifican la lectura.
Rial apuesta a esa duplicidad, dijimos, como elemento estructural y por eso la totalidad resulta heterogénea y coherente al mismo tiempo. Las recurrencias temáticas y léxicas son más relevantes que la historia siempre al límite de ser develada pero que se mantiene atadas al poder sugerente de la elipsis narrativa por la que optan estas voces. Pacto de lectura mutuo que da verosimilitud a ambas. Esa es la intimidad que el lector debe asumir para avanzar.
La tensión sutil pero categórica que se juega en cada fragmento responde a una estrategia que el autor, despliega con astucia. El conjunto: una voz apunta a la razón melódica del desapego y la construcción del sujeto; la otra es la pulsión nostálgica que ata la voz a lo perdido. Mientras Leonor expulsa de sí todo el veneno del apego a lo que no está vivo; Benicio encuentra en lo perdido la sustancia que estructura su decir, o sea su modo de vivir en un pasado que no desaparece.
Ella dice:
«Revise la ropa de sus muertos y las espinas de las rosas/ las conversaciones y su penitencia»;
«puede cambiarlo todo/ y lograr que aún siga pareciéndose hermoso»;
«debo decirle que lo viejo alguna vez/se volverá joven y ya joven, morirá viejo».
Y él contrapone:
“a dónde van los sueños de los muertos / sino es a los recuerdos de los vivos”;
“que sean los mismos charcos de aquella vez, Leonor, / que no me atreví a saltar para despedirla cuando se iba”;
“Esperar es lo que siempre hago/ esperar acariciar al mundo/ y que ya no muerda”.
Contrapuntos que evidencian la rigurosa arquitectura dialéctica a la que nos confronta la lectura de Pablo Rial.

«Leonor» (Caleta Olivia, 2025) de Pablo Andrés Rial
La confrontación entre ambas visiones en el nivel retórico tensiona el lenguaje en el juego de contigüidad entre un registro próximo al despojamiento de la llamada poesía del pensamiento racional y átono, con el de uno enraizado en la tradición neo romántica expresado bajo la audaz sombra gótica de Poe.
En definitiva la estructura en cinco partes propone un recorrido que no por vital, biológico, irremediable, deja de tener impacto en el lenguaje de manera tan directa que dará al lector la certeza de que la poesía todo lo abarca, todo lo define, todo lo indaga, todo lo ahonda, todo lo nubla.
No puede leerse –o sí, pero perdería tal vez densidad- sin el trasfondo de la poesía argentina de los últimos cincuenta años. Rial sube a un ring, dos poéticas que vienen protagonizando un combate sin tregua en la poesía argentina, desde la dictadura del ‘76. Sea o no esa la intención primaria del poemario, a la luz de esta lectura personal que hacemos aquí, resulta evidente que esas dos tradiciones se encuentran vigentes y con vitalidad. Rial afortunadamente realiza una síntesis personal que enriquece la discusión crítica. Aunque el volumen se cierra con la nostálgica voz de Benicio, en tanto esquema de lectura, el poemario muestra que ambas tradiciones encuentran todavía en nuestra lengua un canal lúcido para su manifestación y aún más que hay en nuestros poetas, en algunos al menos, la posibilidad de encarnar esos múltiples registros poéticos.
De esto puede deducirse sin arbitrariedad extrema que también la riqueza de nuestra poesía pasa por la capacidad de nuestros poetas de asumir diversas máscaras, distintas tradiciones. Finalmente, libros como Leonor ponen de relieve una insurgencia de las poéticas individuales sin adscripciones previas ni etiquetas protectoras, lo que podría suponer el fin, por agotamiento, de la influencia del coloquialismo y el yoísmo sonso que legó el ciclo político del menemismo y la Alianza durante los años noventa.
Leonor
Pablo Andrés Rial
Caleta Olivia, 2025
* Portada: «Rocked» (2026) de Jay Chung
Etiquetas: Cultura, Javier Magistris, Leonor, Libros, Pablo Andrés Rial, Poesía

